Es imposible hablar de la fantasía moderna sin tomar en cuenta a uno de sus mas clasicos escritores: Michael Moorcock
Creador del fabuloso concepto del Multiverso y de los heroes y campeones que transitan por él, encadenados a un destino que no han escogido, Michael Moorcock fue lanzado a la fama por su, hasta ahora, mas representativo personaje: Elric de Melnibone. Pero, ¿que relación hay entre su creador y su obra? Laura Michel, escritora mexicana de fantasía, ganadora de varios premios a nivel nacional en teatro y poesía nos invita a un viaje de exploracion por los puntos de conección entre un "creador" y su turtuosa obra.
Michael de Melniboné
por: Laura Michel Sandoval


Eran los últimos meses de 1960. En Londres, un joven de veintidós años se detuvo frente a un conocido restaurante cerca de Picadilly y destrozó a patadas la puerta principal (hecha, por cierto, de vidrio irrompible).

Al mismo tiempo, Elric de Melniboné, el desterrado emperador de un reino venido a menos, viajaba de vuelta hacia su patria, dispuesto a reclamar los bienes a los que tiempo atrás había renunciado.

El joven londinense se llamaba Michael Moorcock, y hoy, más de treinta años después, es una de las figuras más reconocidas e influyentes de la literatura fantástica moderna. Uno de los impulsos del movimiento llamado “nueva ola” durante su dirección de la revista New Worlds, Moorcock y su trabajo supusieron un cambio radical en el rostro de la fantasía moderna.

Hasta entonces, la interminable lucha del bien contra el mal era la temática más común del género y , por lo general y a pesar de los altos precios a pagar, el bien ganaba. Pero en el mundo (o, como veremos más adelante, los muchos mundos) de Moorcock no se enfrentan el bien y el mal, sino el caos y el orden, sin que, por cierto, el orden sea sinónimo del bien y el caos del mal. Estas dos potencias enemigas luchan por el poder en los diferentes universos, mejor dicho, en diferentes planos de una realidad cósmica llamada Multiverso, y en cada uno de ellos tienen aliados, servidores, campeones. Pero si en uno de estos planos, una de las potencias logra vencer a la otra, este plano desaparecerá. Para existir, el orden y el caos necesitan estar en constante guerra, y el peso de mantener el equilibrio entre los dos recae en un individuo: El Campeón Eterno.

El Campeón Eterno es un guerrero que, la mayor parte de las veces sin ser conciente de ello, es utilizado como peón por el orden, el caos o ambos. Es el prototipo del antihéroe con demaciados problemas que no puede comprender. Los Campeones Eternos (que, en realidad, no son sino diferentes encarnaciones de una sola entidad) tienen pocas posibilidades o ninguna de escapar a un destino que no han elegido. Pero el perfil de un Campeón Eterno se vuelve aún más interesante si lo comparamos con el de su autor en la época de la creación del primero y probablemente el más famoso de ellos, Elric.

En 1960, Moorcock ya había dejado los estudios, colaborado con varias revistas independientes e incluso formado un conjunto de rock. También había escrito una primera novela. pero el único material que las revistas solicitaban de un escritor de fantasía eran cuentos de Conan (el famoso personaje de Robert E. Howard), y Moorcock, que encontraba limitante tanto el estilo de Howard como su personaje, comenzó a llenarse de frustración.

Elric de Melniboné nació por la sugerencia de un colega, Ted Carnell, y su proyecto de hacer una revista independiente...con relatos en la misma línea que Conan, aunque no tuvieran como protagonista al cimeriano. Moorcock decidió entonces que inventaría un héroe totalmente diferente, que le sirviera como vehículo para expresar sus ideas acerca de la vida y, aunque de ello no se dio cuenta hasta más tarde, quizás para desahogar un poco los problemas del momento (como ya mencionamos, la frustración, una decepción amorosa y exceso de alcohol, entre otras). Por aquellas épocas ocurrió el incidente del restaurante.

Moorcock piensa que Elric era él (su yo de veintitantos años) y reconoce que el carácter de su personaje es el del clásico joven que, recién puestos los pies en la tierra, no encuentra otro camino para olvidarse de su azoramiento y su miedo que el cinismo, la violencia y la necesidad de desquitarse con algo. En la primera historia de Elric, "La ciudad de Ensueño” (publicada en El misterio del Lobo Blanco, Ed. Roca), Moorcock se identifica muy íntimamente con su creación.

Muy diferente, en verdad, de Conan, Elric es delgado, de facciones delicadas, largas manos, piel y cabellos blancos y ojos rojos. De constitución muy débil, Elric extrae su energia de su espada, la Tormentosa, un objeto mágico capaz de absorber el alma de sus víctimas y que parece tener voluntad propia. “Gracias” a esa arma, Elric a cometido címenes imperdonables y destruído reinos enteros (entre ellos el suyo), pese a ello, él se siente incapaz de abandonarla. La Tormentosa es la única amiga que tiene, pero es una amiga poco confiable, que no dudaria en traicionar a su “amo”. Y eso, Elric lo sabe.

Para Moorcock, la Tormentosa es un símbolo de la necesidad de mucha gente ( y, en especial, gente joven) de buscar una solución única y fácil a todos sus problemas.

El gran error de Elric, más que conservar esa arma asesina, es obligarse a creer que la necesita, y que lo va a sacar de cualquier problema que se le presente. Mientras lo siga sosteniendo, puede permitirse el lujo de perdonarle la muerte a uno que otro aliado, alguna esposa y quien haya tenido la mala suerte de atravesarse en su camino cuando la tormentosa estuviera hambrienta. “Soy un hombre poseído”, dice, a punto de llorar, “y sin esta diabólica espada en la mano, no sería un hombre completo”.

Pero eso no es todo. La naturaleza de Elric es básicamente bondadosa y tranquila, lo que él más desearía es pasar el día sentado leyendo y discutiendo cuestiones filosóficas con algún súbdito culto. Pero en su decadente país, acostumbrado a conquistar y dominar, sólo se respetaría a un emperador guerrero, y, por otra parte, la responsabilidad de Elric como Campeón Eterno lo obliga a estar siempre en pugna; el motivo es lo de menos.

La rabia que le produce no poder vivir su vida como quiere lo llena de un profundo rencor, y acaba volviéndose a su espada, su apoyo, para decirle: “Los dos somos iguales, hijos de una era que nos ha desamparado. ¡Demosle a esa era razones para odiarnos!”

Como su autor en aquellos tiempos, Elric tiene el peor concepto de sí mismo. Su físico lo tiene realmente acomplejado, y es por eso que hace ostentación de él. Odia ser diferente, pero le gusta que los demás se den cuenta de ello. Y sus buenos propósitos se ven destrozados, más que por el destino a quien él y todos los Campeones culpan, por sus actitudes equivocadas.

En la segunda historia de las serie “Mientras los dioses ríen” (tambien en El Misterio del Lobo Blanco), Elric conoce al único compañero de aventuras que el solitario Moorcock le va a permitir tener: Moonglum, y que es, para variar, otra encarnación de lo que se da en llamar “el compañero de los Campones”. Moonglum es el amigo ideal: generoso, optimista, que siempre está de parte de uno no importa cuántas tonterías cometa y que se toma las preocupaciones de Elric con sentido del humor. “A veces “, le dice, “me pregunto si este triste destino tuyo no será invención de tu propio estado de ánimo”.

La aventura, esta vez, implica la búsqueda del Libro del Dios Muerto, un texto que, supuestmente, contiene toda la sabiduría del universo. A esa búsqueda se une Sharilla, una misteriosa mujer perteneciente a una raza de hombres- pajaro. Sharilla esta obviamente enamorada de Elric, pero él tiene la cabeza demaciado llena de cosas “importantes” como para darse cuenta de los sentimientos de ella. Cuando ella le pregunta por qué buisca el libro, Elric responde en un largo párrafo, “la verdad”, y se burla cruelmente cuando Sahrilla le confiesa que lo único que desea es procurarse unas alas que la hagan igual que a sus semejantes. Finalmente, los compañeros localizan el libro en una gruta subterránea infestada de monstruos, pero cuando Elric lo abre, se hace polvo entre sus manos. Con la búsqueda terminada en fracaso, Elric despide a Sharilla de una forma un tanto melodramática, diciéndole que ojalá nunca la hubiera conocido porque “...durante un tiempo me has proporcionado una esperanza (...) pero por tu causa estoy más desesperado que antes”.

Moonglum, mucho más práctico, le regala una de las joyas que recogió en la gruta (porque “todos necesitamos comer”) y le desea buena suerte. Pero Sharilla, cuando ellos se marcha, deja caer el obsequio y se dirige, hacia su muerte, de regreso a la gruta.

Más tarde, cuando Moonglum le reprocha su comportamiento con ella, Elric, ignorando lo que ha sucedido, se excusa diciendo: “Era una buena mujer(...) pero su amor por mí le habría costado la vida”.

En pocas palabras, aun cuando Elric trata de hacer las cosas bien y para bien, sus intentos se ven frustrados. Su comportamiento sigue un patrón básico: desea salvar a la humanidad - las cosas le salen mal - se enoja -quiere destruír a la humanidad - hace alguna cosa horrible - se arrepiente - borrón y cuenta nueva - desea salvar a la humanidad...

Pero Elric vuelve a equivocarse, pues en el mundo de Michael Moorcock no existe el borrón y cuenta nueva: uno tiene que responder por sus pecados...

El Moorcock de hoy es muy diferente al Michael de Melniboné que creó a Elric, que respondía con agresión a los miedos y frustraciones y que se preocupaba de más por la filosofía de la existencia. Mucho más Michael Moonglum ahora, continúa escribiendo (en un año llegó a producir diez novelas), se interesa sinceramente por sus lectores, le da consejos a los escritores nuevos y colecciona soldaditos de plomo. Sus historias sobre Elric, publicadas una y otra vez en diferentes ediciones (con cambios de titulo y todo), han podido agruparse por fin en una colección ordenada de dos trilogías, y , para beneplácito de sus lectores, en años recientes ha publicado dos novelas más del Campeón Eterno favorito; un cuento largo: “Elric en el Fin del tiempo”, ilustrado por el artista Rodney Matthews y un nuevo relato (“La canción del Lobo blanco”) escrito especialmente para la antología Relatos del Lobo Blanco de la editorial White Wolf en su colección Borealis, donde otros escritores como Nancy A. Collins (autora de “Elder Gods” en el comic Aliens Special, una historia puramente Lovecrafiana), Neil Gaiman (el premiado autor del comic de culto “Sandman”), Tad Williams (autor de Añoranzas y Pesares, editada en españa por Timun-mas), Gary Gigax (el autor del archifamoso juego de rol Dungeons & Dragons) y otros 20 mas, escriben sus propias historias usando a Elric de Melniboné como personaje principal (al igual que ya se habia hecho antes con Jerry Cornelius en La naturaleza de la Catastrofe y La nueva naturaleza de la Catastrofe). Sobre una tercera novela nueva, no descarta la posibilidad, pero dice que sólo lo hará cuando tenga algo realmente bueno qué contar. Posiblemente lo haga. La facinante historia de Elric, el incansablevdefensor del derecho de la humanidad a la inseguridad, la frustración, las lamentaciones, el egoísmo y los errores, todavía tiene mucho que relatarnos...



Nota:Los primeros cinco libros de Elric: Elric de Melniboné, Marinero de los mares del destino, El misterio del lobo blanco, La torre evanecente y la Maldición de la espada negra, fueron publicadas en México por Ediciones Roca. Los libros restantes: Portadora de Tormentas, La fortaleza de la perla y La venganza de la rosa, se editaron en españa pero no llegaron a nuestro país. Las citas que aparecen en este articulo están tomadas en su totalidad de El misterio del Lobo Blanco.


Este artículo ha sido cedido por la revista LABERINTO No. 6 y se le han agregado algunas modificaciones no incluidas en el original.